jueves, 27 de marzo de 2014

HASTA LA VISTA, TOSCA



El pasado 25 de marzo del año en curso, pude disfrutar de Tosca, la magnífica ópera romántica de Puccini. Era precisamente el último día de sus representaciones en el Liceo y fue un verdadero descubrimiento y gran suerte acudir  a Barcelona para presenciarla.
Para mí ha sido una experiencia inolvidable. Conocer in situ el famoso teatro barcelonés, envuelto en su ambiente verdadero de teatro, canto y música, luces y aplausos y gritos fervorosos a los artistas, ya digo, ha sido imborrable. Para empezar, nos adelantamos lo suficiente para entrar y ver el despliegue de elegancia y buen gusto por escalinatas, espejos, corredores, plateas, palcos y pisos de localidades, cada una con su pantallita para seguir en el idioma que se quiera las intervenciones de los tenores, barítonos, sopranos, coros, etc., orquesta y escenario, luces de dragones, estucados y pinturas por doquier y el techo, como la tapa de una bombonera. Nuestras localidades, situadas en uno de los pisos, nos ha permitido contemplar lo que es el recinto del teatro con el privilegio de los dioses, desde lo alto y a placer. A nuestra llegada, algunos músicos se entretenían afinando sus instrumentos y la música, así tocada, trepaba por los palcos arriba, se enredaba en los dragones de luces y acariciaba el platillo volante del alto techo. Mientras tanto la gente iba llegando y ocupando sus respectivas localidades. Luego llegaron por megafonía los avisos de que la obra iba a comenzar y, de pronto, la magia que yo esperaba, empezó a desplegar su influjo. Las luces se apagaron y la música empezó a tocar, mientras el telón rojo del escenario comenzaba a subir para mostrarnos el primer acto de Tosca. La escenografía, soberbia y práctica, en todo momento, nos mostró enseguida el interior de la iglesia de San Andrea della Valle de Roma y la acción cantada y musicada que nos iba a plantear el problema de la obra de Puccini: el triángulo amoroso compuesto de los dos enamorados, el pintor Mario Cavaradossi, la cantante Floria Tosca, y el jefe de policía el barón Scarpia, que quiere conseguir a la vez los favores amorosos de Floria y acabar con el pintor que está ayudando al revolucionario Angelotti, que acaba de fugarse de la prisión de Sant’Angelo; así matará tres pájaros de un tiro. Para mí lo mejor de este acto es la astucia que emplea el cruel Scarpia para sembrar los celos en la de por sí ya celosa Tosca, que cree ver en los ojos de la Magdalena, que está pintado su amado en la iglesia, los de la marquesa Attavanti. El acto concluye de forma magistral con el canto coral del Te Deum, en un despliegue de color, vestimenta y efectos luminosos extraordinario. El sobretexto en catalán, proyectado sobre el escenario, me pareció una idea afortunada para seguir fielmente el significado del argumento y las intervenciones de los cantores.


El segundo acto, para mí el mejor de los tres, puso en práctica nada más empezar el truco escenográfico de emplear el mismo escenario del primero haciéndolo girar sobre su eje para ofrecernos el interior de las oficinas del perverso Scarpia dentro del Palacio de Farnese; a la derecha permanecerá en sombra, hasta uno de los momentos cumbre de dicho acto, la cárcel en que torturan a Mario para que delate el paradero del fugado Angelotti. Creo que los dos momentos principales son: el primero, el aria que canta Tosca (Martina Serafín) : Vissi d’arte, una vez que se ha visto obligada a ceder a las pretensiones de Scarpia (Scott Hendricks), no sin antes haber conseguido de éste un salvoconducto para ella y su amado Cavaradossi (Alfred Kim), y el segundo la muerte del malvado jefe de policía que la misma Tosca lleva a cabo tras hacerse con un cuchillo del aparador de las bebidas. El acto tiene un final apoteósico cuando Tosca cubre el cadáver de Scarpia con la cortina roja que previamente servía para velar las rejas de la cárcel. Es de un efecto estremecedor y muy romántico pues, habiendo quedado fuera la mano del muerto que mantiene el salvoconducto, sale a relucir la rabia decisiva con que Tosca se lo arrebata. Después, lentamente la cantante desaparece por el fondo del escenario bajo una luz fría de amanecer mientras el resto se va apagando. Se baja el telón y los aplausos, como al final del acto anterior, atronaron el teatro desde la platea hasta la tapa de la bombonera del techo; sin embargo, yo no dejaba de recordar los que le habíamos dedicado a Martina Serafín tras concluir su maravillosa y sentida aria
“Vissi d'arte, vissi d'amore,
non feci mai male ad anima viva!...
Con man furtiva
quante miserie conobbi, aiutai...
Sempre con fe sincera,
la mia preghiera
ai santi tabernacoli salì.
Sempre con fe sincera
diedi fiori agli altar.”
(“He vivido del arte, he vivido del amor,
¡nunca le he hecho daño a nadie...!
Con mano furtiva
he socorrido cuantas miserias conocí,
Siempre, con fe sincera, mi plegaria
elevé en los santos tabernáculos.
Siempre, con fe sincera,
he llevado flores al altar.”)
En cuanto al tercer y último acto, que sucede al anterior sin descanso, es más rápido que los otros, y sus golpes de efecto no son menores, especialmente, el inicio escenográfico, que es excelente, dando lugar al paso lento de las horas de la madrugada, entre lentas campanadas, niebla que invade el lugar de la orquesta y el movimiento teatral y solemne de la plataforma que hará a la vez de cárcel de Sant’Angelo y lugar de fusilamiento de Cavaradossi (real y no fingido como le había hecho saber Scarpia a Tosca en el segundo acto antes de que cayera muerto a manos de ella). También destacan dos momentos esenciales en este último acto: el del aria que canta Alfred Kim, que desató nuestra admiración y nuestros aplausos (no pude evitar las lágrimas):
“E lucevan le stelle,
Ed olezzava la terra,
Stridea l'uscio dell'orto,
E un passo sfiorava la rena...
Entrava ella, fragrante,
Mi cadea fra le braccia.
Oh! dolci baci, o languide carezze,
Mentr'io fremente
le belle forme disciogliea dai veli.
Svanì per sempre il sogno mio d'amore,
L'ora è fuggita
E muoio disperato!
E muoio disperato!
E non ho amato mai tanto la vita!
Tanto la vita!...
(“Y brillaban las estrellas,
Y olía la tierra,
Chirriaba la puerta del huerto,
Y unos pasos rozaban la arena...
Entraba ella, fragante,
Caía entre mis brazos...
¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
Mientras yo, tembloroso,
Sus bellas formas liberaba de los velos!
Se desvaneció para siempre mi sueño de amor...
El tiempo ha huido...
¡Y muero desesperado!
¡Y muero desesperado!
¡Y no he amado nunca tanto la vida!
¡Tanto la vida!”
El otro momento es el que sigue inmediatamente al fusilamiento de Mario. Los soldados desaparecen por debajo de la plataforma (terraza del castillo) y Tosca le dice a su amado que se levante ya para escapar ambos con el salvoconducto de Scarpia. Pero todo ha sido otra estratagema del perverso jefe de policía, que lo había previsto todo. El fusilamiento ha sido de fuego real y Cavaradossi está muerto. Tosca palpa y agita en vano el cuerpo de su amado. Desesperada, ante la proximidad de los soldados, que han vuelto  a la escena para capturarla, se aproxima al borde de la terraza, al fondo del escenario, y se arroja al vacío.
Más romanticismo, imposible. Los héroes mueren trágicamente tras mostrarse su amor. Y la música, dirigida excelentemente por Paolo Carignani, acompaña en todo momento las emociones de los protagonistas y colabora perfectamente a entender los diversos ambientes que envuelven sus vidas y sus pasiones.
¡Hasta la vista, Tosca!


miércoles, 19 de marzo de 2014

LAS ADIVINANZAS DE LA ABUELA



                                         

I.
El niño, sentado sobre el escalón de la puerta, está triste, con los ojos perdidos en la pared manchada del fondo del patio. De repente, el abuelo se le acerca por detrás y le toca el hombro. El niño se gira para mirarle. Entonces el anciano le dice mientras le alarga una libreta pequeña de cubiertas color de miel:
--Esto es para ti. Lo escribió la abuela antes de dejarnos. Me dijo que te la entregara cuando hiciera una semana de su partida. Y hoy es el día.
El niño coge la libreta y, con lágrimas en los ojos, sale corriendo hacia su cuarto con el deseo de ponerse a leer lo que su abuela había escrito para él. Intuye que esa libreta, de algún modo, le mantiene unido a su abuela muerta. Así pues, se seca las lágrimas y, tumbado sobre la cama, abre la libreta y se refugia en su contenido.

II.
Y lo primero que encuentran sus ojos es un título que le alimenta la imaginación: ADIVINANZAS PARA TI. Y a continuación las palabras que su abuela escribió dirigidas a él:
“Mi muy querido nieto: Sabes de sobra que las adivinanzas son manifestaciones populares de todo tiempo y lugar consistentes en ingeniosas combinaciones de palabras que plantean un enigma que hay que resolver, acertando la cosa por la que se pregunta, se esconde o se sugiere. Ya sé que es una definición algo extensa, pero sé que tú, que eres muy listo, la entenderás a derechas.
“En las páginas que siguen te he reunido unas cuantas adivinanzas que tienen que ver con el cuerpo humano, la naturaleza, la casa, las prendas de vestir, los objetos más variados y cosas por el estilo. Espero que al volverlas a leer, recuerdes los ratos agradables que pasamos juntos, y que cuando tú mismo te hagas mayor, se las cuentes a tus hijos y a tus nietos.
Intenta descifrarlas, pero si alguna se te resiste, al final tienes todas las soluciones. Te doy muchos besos mientras te invito a que, sin más espera, pases a la página siguiente para comenzar el juego.”



III.

Imagínate que estás en la cocina.
Piensa en los condimentos y comidas, antes de enfrentarte a las siguientes adivinanzas: 
1. “Un arbolito, fino, bajito, blanca la gorra, verde el vestido”.
Otra variante:
“Gorda la cabeza, el cuerpo estrecho, y no me puedo aguantar derecho”.

2. “ Una señorita está en el terrado, con la cola verde y el vestido morado”  

3.      “Verde me crié, rubio me cortaron y blanco me amasaron”.
Otra variante:
“En el campo verdea, en la casa blanquea, sirve de alimento y es más caliente cuanto más fresco.”
4. “Blanco por dentro, verde por fiera; si quieres que te lo diga... espera”.

4.      “Una caja blanca y tierna, que se abre y no se cierra.”
Otra variante:
“Mi madre es tartamuda, mi padre es cantador, tengo blanco mi vestido y amarillo el corazón.”

5. “Si me miras a derechas, soy un vegetal; si me miras al revés, soy un animal.”

6. “Oro parece, plata no es; quien no lo adivine bien tonto es.”

7. “Blanca de nacimiento, verde de inclinación, y ahora por mala suerte, soy más negra que el carbón.”

8. “He nacido de la tierra, conmigo el hombre es valiente, a veces doy la salud y a veces mato a la gente.”

9. “¿Quién es la que viene de fuera, vive en la casa y come con la gente en la mesa?”

Vamos ahora con objetos y cubiertos de la cocina.
10. “¿Qué es lo que tiene rabo y no lo puede mover?”

11. “Adivina este misterio: un señor que come todo, y siempre está delgado y seco”.

12, “Cuanto más se levanta, más baja”.
Otra variante:
“Adivina, adivina: si quieres hablar conmigo, has de mirar hacia arriba.”

13. “Lana sube, lana baja; ya te he dicho de qué trata.”

14. “ Presido todas las mesas entre muchos pretendientes; uno me coge, otro me deja, pero sola me quedo siempre.”

15. “Tengo patas y no camino; alas, y no puedo volar, y tanta comida me entregan, que toda la vuelvo a entregar.”

16. “Cuando trabajo estoy derecha, y si alguien me quiere parar, me ha de poner de manera que no pueda trabajar.”

17. “Verde en el campo, negro en la plaza y rojo en la casa”. 
18. “Nace en el bosque, crece en el bosque, y conoce en la casa todos los rincones.”
Otra variante:
“Verde en el campo, blanca en la plaza y muy trabajadora en casa.”

19. “¿Qué es aquella cosa, di, donde todos metemos la nariz?”

20. “¡Qué cosa tan extraña, que come por abajo y lo echa por la espalda!”

21. “Tengo de madera el cuerpo y de hierro la cabeza, y tan sólo en golpear consiste mi tarea.”

¿Qué, cómo ha ido? ¿Las has adivinado todas? Si no, puedes consultar las

SOLUCIONES:

ajo, berenjena, pan, pera, huevo, arroz, plátano, aceituna, vino, mosca, cuchara, plato, porrón, navaja, botella, mesa, silla, carbón, escoba, vaso, cepillo de la madera, martillo.


 

miércoles, 26 de febrero de 2014

EL RELATO DEL MES



 

LA GAVIOTA


Bajó hasta la playa y buscó el rincón de las gaviotas. En la arena, junto a las piedras del acantilado, encontró un grupo de huellas de gaviotas. Sabía que eran suyas aquellas huellas triangulares formadas por tres pequeñas hendiduras alargadas hechas sobre la arena. Lentamente, como en un rito, se quitó las sandalias y colocó cuidadosamente sobre las primeras huellas las plantas de sus pies. Luego caminó durante unos segundos sobre las huellas de las gaviotas mientras pronunciaba en voz baja las sílabas guturales de las aves cuando se llaman unas a otras. Después abrió los brazos y los movió como si fueran alas. Entonces vio que el conjuro había surtido efecto: su cuerpo se había separado ligeramente del suelo, gravitando milagrosamente sobre la arena. Todo era cosa de agitar los brazos un poco más y efectuar un golpe hacia arriba con los pies. Así lo hizo, convencida de que lograría su deseo. Y antes de que se diera cuenta de ello, se vio en el aire, a una decena de metros de la orilla, sobre las oscuras olas del mar. Unos movimientos más y entró en el mar abierto. Todo era una poesía azul y silenciosa desde arriba. Volaba majestuosamente hacia la isla. Cuando vio bajo ella su silueta de color de carne planeó unos segundos y poco a poco fue descendiendo hasta posarse sobre la roca más alta de la isla, a pocos centímetros de sus hermanas las gaviotas, que allí descansan durante la noche, y se unió a ellas en la melancólica orquesta de gemidos y llamadas que acababan de iniciar. Hasta bien entrada la noche convivió con las gaviotas en el feudo inaccesible de la isla. Y ya en la madrugada, cuando las primeras luces sonrosadas de la aurora empiezan a abrirse paso en las cortinas espesas de las nubes nocturnas, regresó a casa. Por el balcón, abierto de par en par, entró hasta el dormitorio y se metió en la cama, junto a su esposo, que dormía plácidamente. Con la llegada del nuevo día, se despertó muy alegre y le dijo a su marido que había tenido un sueño muy confortador. Su esposo la miraba muy sorprendido y, cuando ella acabó de contarle el sueño, le dijo:
--Eso está muy bien, querida, pero debías quitarte ese plumón que tienes en la comisura de los labios.
Entonces ella sospechó algo que le venía rondando un tiempo atrás, mucho antes incluso de despertar y contarle el sueño a su marido. Se tiró de la cama y miró debajo en busca de sus sandalias. No las vio por ninguna parte. Y al momento recordó que se las había quitado en la playa para pisar con los pies desnudos las triangulares huellas de las gaviotas.

domingo, 16 de febrero de 2014

EL POEMA DEL MES








Dimensión del hombre

Tiene una nueva dimensión el hombre,
pero cuando el viento silba,
entre las ruinas de los viejos castillos
siguen brotando como eternas madreselvas
brujas y fantasmas a su amparo.

Ahora zumban roncamente los tractores,
pero los tercos engendros del pasado
nos acechan desde sus escondrijos
de humedad y silencio mientras tejen
sus sortilegios y maldiciones.

Los modernos artefactos se abren paso,
pero los seres invisibles de la magia
afilan sus cuchillos de hechiceros
y susurran al cobijo de las tumbas
sus fórmulas esotéricas.

Ahora el hombre vuela a las estrellas,
pero las rancias supersticiones
se alimentan de mentes sin escrúpulos
y siembran la muerte desde las manos
de cotidianos hierofantes.

Tiene una nueva dimensión el hombre,
pero el miedo a lo desconocido
lo devuelve a las viejas tradiciones...

jueves, 6 de febrero de 2014

HEINE EXPLORA EL DESVÁN DE SU ABUELO




Cada vez que entro aquí,
me viene al encuentro todo el tiempo.
el Tiempo acumulado de cien tiempos.
Y a pesar de que hayan pasado
los tiempos de las hadas
y sean otros gatos estos gatos,
este desván me trae afectos,
recuerdos y vivencias…
Aquí sigue la cuna carcomida
que meció a mi madre y sofocó
sus llantinas nocturnas,
y sobre ella, la peluca de mi abuelo
--¡qué guiño del azar!—
que parece de tan vieja haber vuelto
a su infancia, y colgado
de la pared su oxidado espadín.

Paseo por el Tiempo
de la mano de los afectos
y la memoria,
y sale de repente a mi paso la tenaza
de la chimenea, manca de un brazo,
y me habla de las tardes
largas y frías del invierno
transcurridas al amor de la lumbre
mientras se desgranaba
el cuento del gato con botas
de labios de mi madre…
Y un poco más allá,
sobre un tablón caído asoma el loro
sin plumas, disecado de la abuela,
vuelto ceniza gris
su color verde irisáceo,
y un ojo de cristal, un solo ojo,
imitando a un pirata de los aires…
Más grave me parece ver de nuevo
el gran perro de aguas de porcelana,
o japonesa o china,
al que le falta una pata trasera.
Recuerdo con nostalgia
la zalamera devoción
que por él la gata de la casa sentía,
tal vez considerándolo
una deidad trascendental…

Cada vez que entro aquí,
en este recinto sagrado,
vuelvo a mi infancia,
a aquella candidez
donde cualquier cosa pequeña
lograba dimensiones de milagro,
de magia que hacía eternos los segundos…

jueves, 30 de enero de 2014

CENTENARIOS El Greco





Este año  se cumple el cuarto centenario de la muerte de El Greco. Domenikos Theotokopoulos (Candía, 1541- Toledo,1614) vivió en Creta hasta los 26 años, luego pasó diez años en Italia, donde aprendió de Tiziano, Tintoretto y Miguel Ángel. Finalmente, vino a España y se estableció en Toledo, donde residió hasta su muerte. Su obra se compone de pinturas para retablos de iglesias, cuadros de devoción para instituciones religiosas y una colección de retratos de suma importancia. Entre sus obras más famosas se encuentran El entierro del Conde de Orgaz, El Expolio, La Trinidad, El sueño de Felipe II, El martirio de San Mauricio, La Inmaculada o La Crucifixión, por no hacer excesiva la lista.
Y ya puestos, no puedo dejar pasar la ocasión de mencionar dos obras suyas que, si Dios quiere, podré admirar en la National Gallery muy pronto.






Una es La oración del huerto, realizada entre 1589 y 1590 durante su segundo período toledano. Muestra la escena en que Jesús está sumido en éxtasis, elevando su mirada al cielo. Ante él, un ángel sostiene un cáliz en su mano izquierda. En la especie de nube que hay a sus pies Pedro, Juan y Santiago el Mayor duermen, mientras que a la derecha en un término lejano aparece Judas Iscariote guiando a las tropas que apresarán posteriormente a Jesús.





La otra obra es  La expulsión de los mercaderes del templo, pintada hacia 1600. A diferencia de otras versiones del tema, en la presente  desaparecen las figuras laterales y tanto el grupo de mercaderes expulsados de la izquierda como el de la derecha adquieren prácticamente la composición definitiva que se conservó en el resto. Aquí Cristo adquiere más autonomía y protagonismo: queda totalmente exento de las figuras que lo rodean, y destaca más por los efectos de luz, que apaga las otras.