martes, 18 de enero de 2011

LA COCINA DE SIEMPRE

Nuestra cocina vista por los extranjeros




En el número de febrero de La Familia, Revista del hogar, de la que ya he hablado en el blog, aparece una columna firmada por el inglés Richard Ford (1796-1858). Voy a entrasacar de ese texto algunas observaciones que considero interesantes.
En primer lugar, Ford afirma que "para ser un buen cocinero, cosa rara en España (¡qué raro que ya en tiempos de Ford no hubiera buenos cocineros en nuestro país!), es preciso, no sólo conocer el gusto del señor, sino ser capaz de sacar partido de cualquier cosa (¡sólo faltaría que el cocinero adoleciera de imaginación para extraer de cualquier producto sus mejores sabores y texturas!)."
Otra joya: "La ruina de los cocineros españoles es el afán que tienen de imitar a los extranjeros, de la misma manera que algunos de sus necios aristócratas destrozan su gloriosa lengua (¡menos mal que admira el idioma de Cervantes!), sustituyéndola con lo que ellos suponen excelente parisién."
Otra más: "Los destinos de las naciones dependen de su modo de alimentarse (entre otras cosas, digo yo), razón por la cual el general Foy atribuye todas las casuales victorias de los ingleses al ron y a la carne (lo de la carne puede entenderse, pero lo del ron... ¿iban cargadillos los soldados para no ver así el alcance del peligro de las batallas?, no lo creo; más bien son cosas de este viajero fantasioso).
Y en el colmo de los aciertos, leamos esta última joya: "Esto no hace más que aumentar nuestro gran respeto por el ponche y por el rosbif de la vieja Inglaterra, cosa que, dicho sea de paso, es muy difícil de conseguir en la Península, donde los toros se crían para la plaza y los bueyes para uncirlos, no para el asador (el pobre y famélico Ford no tuvo la suerte de encontrar en sus idas y venidas por España un buen rabo de toro con pochas o un filete de buey con aros de cebolla)". ¿Por dónde pasó Richard Ford y dónde tenía el olfato para no dar con un buen figón de los que ya en su tiempo existían en Zaragoza, Valencia, Barcelona, Bilbao, Sevilla o Madrid, y así darse el gusto de saborear un buen cocido, un arroz de mar y montaña o unas buenas postas de bacalao?
Ya digo, muy mala suerte tuvo con la cocina española este hispanista y viajero inglés.

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